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Lo dieron por muerto en el Dakar 2010, se repuso y volvió por una promesa a su padre moribundo

El italiano Luca Manca, que marcha 37° entre las motos al llegar a Uyuni, es el protagonista de esta historia singular; sin cambios en la punta, la prueba vuelve a la Argentina para su definición.

10-01-2017. UYUNI, Bolivia.- Las lágrimas recorren las mejillas del italiano Luca Manca y la voz se le entrecorta cuando recuerda a su padre, Filippo, al que le prometió segundos antes de morir que volvería a competir en el Dakar para intentar finalizar aquel sueño que se esfumó en 2010, tras un accidente que lo dejó en coma por tres semanas.

Los fideos a los cuatro quesos esperan y sus manos tiritan de frío en el comedor del campamento de Uyuni mientras acepta el diálogo con LA NACION y ante la consulta sobre la razón por la que volvió al desafío de aventura la razón es enviar un mensaje de superación personal y cumplir con aquellas últimas palabras que escuchó su papá antes de morir.

"Durante toda mi recuperación, él me acompañaba todo el tiempo y me insistía para que volviera a subirme a la moto y me dijo que lo intentara, que me acompañaría y me daría asistencia. Y cuando estaba por morir le prometí que iba a terminar el Dakar y llegaré a Buenos Aires", sentencia el italiano de 36 años que va en busca de este sueño con su KTM número 99.

Con una foto de Filippo en su buzo y que cuando no llueve lo ubica al costado de su manillar izquierdo, el que supo ser la gran promesa del motociclismo italiano manifestó: "Es muy importante destacar que mi gran objetivo es arribar a Buenos Aires porque así le podré demostrar a mucha gente que pude recuperarme y dejar un mensaje de esperanza".

El grave accidente de Luca fue en la sexta etapa del Dakar 2010 en el desierto de Atacama, cuando sufrió un duro golpe en la cabeza que le ocasionó un edema cerebral cuando marchaba noveno en la clasificación general de motos. "Estuve muerto por un tiempo, incluso me desconectaron porque pensaba que no había más posibilidades... pero a los pocos días desperté".

"La rehabilitación fue muy dura porque tuve mucha sangre en la cabeza, no hababa, no caminaba, no tenía nada de equilibrio y tomaba muchísimas medicinas... el panorama era negro. Pero ahora estoy bien y disfruto de las pequeñs cosas de la vida como acompañar a mi hijo más pequeño cada día a la escuela", enfatiza Luca en referencia a Federico, de dos años, que junto con Beatrice, de siete, conforman la familia que construyó con su mujer Giuliana.

El día anterior al trágico accidente, el mismo Luca Manca había sido protagonista de una de esas historias desinteresadas que se escriben en el Dakar al cederle su neumático a su amigo e ídolo, Marc Coma, siendo cuarto en la general y con buenas perspectivas para lograr un podio.

"Aquella acción fue de corazón y porque Marc (Coma) es un amigo. Era juso pararme y darle una mano porque merecía seguir adelante. Pero no relaciono aquel gesto con el accidente del día siguiente. Asi es el Dakar. Yo siento que puedo ir más rápido porque siempre lo fui pero ahora mi gran objetivo es terminar esta prueba", enfatiza mientras revisa de forma risueña una multa por exceso de velocidad en un punto de control que provocó una penalidad.

Este nativo de Cerdeña intentó volver a correr el año pasado en el Dakar pero la organización sentenció que no tenía las certezas de que pudiera volver a competir y el encargado de comunicárselo fue el flamante director deportivo de la prueba, su amigo Coma.

"Tuve que competir en el Dakar Series del Merzouga (Marruecos) para poder demostrar que estaba en condiciones de volver a correr. Marc y Etienne Lavigne no querían apresurar mi regreso porque si yo me caía y me lastimaba no sería una buena imagen para la empresa que organiza la prueba (ASO). Entonces cuando certificaron que podía hacerlo en Marruecos me habilitaron para estar aquí", explica siempre con una sonrisa y unas comisuras que se relajan en un síntoma que el frío de la llegada a Uyuni ya es pasado.

Proveniente de una familia acomodada económicamente, Luca igualmente tuvo que tomar un préstamo de 70 mil euros en un banco, porque mucha gente, por temor, no quería que Luca cumpliera con esta promesa y regresara a competir en el Dakar. Luego, el italiano consiguió cuatro sponsors pero que apenas logró cubrir el 60 por ciento de la deuda contraída.

Manca marcha en la posición 37° de una competencia de motos que domina cómodamente el inglés Sam Sunderland (KTM), seguido a 17m45 por el chileno Pablo Quintanilla (Husqvarna) y a 22m16 por el francés Adrien van Beveren. En el décimo lugar, a 1h15m de Sunderlando, Martín Duplessis (KTM) es el mejor argentino clasificado.

Si bien supo demostrar en apenas seis etapas del Dakar 2010 que era una de los grandes promesas del motociclismo mundial, el italiano ahora tiene otros objetivos en esta prueba y poco le preocupa la clasificación final. Su único sueño es llegar al podio en Buenos Aires, mirar al cielo y sentir que cumplió con la promesa que le hizo a su padre.

Debajo de un puente ferroviario en la Avenida Sarmiento, muy cerca de la llegada por teña, lo evoca un mural que pintaron hinchas suyos en 2010. Manca tiene toda la voluntad de verlo por primera vez.

Fuente: lanacion.com.ar