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Un año más, los precios para los productores locales son mínimos

La brecha entre lo que percibe el productor y lo que paga el consumidor es amplia. Pero, ¿por qué?

20-04-2017. Las bajas remuneraciones que los productores locales perciben por sus ventas contrastan fuertemente con los altos precios que, usualmente, pagan los consumidores finales.

Esta brecha suele ser tan amplia que muchos productores optan, año tras año, por no recoger la fruta de los árboles o, en su defecto, acopiarla para consumo personal, comercio futuro o venta directa, con la baja rentabilidad que esto implica.

El presidente de la Sociedad Rural de San Rafael, Cristian Del Pozzi, habló con MediaMendoza, se refirió al tópico y apuntó contra los supermercados: “El 70 por ciento queda en la góndola. El 30 por ciento restante se lo reparten entre el fletero, el fraccionador, el bodeguero... lo cual deja al productor en quinto o sexto”.

Con tal contexto, la pregunta obligada es; ¿por qué se produce esta situación y quiénes son los responsables?

Del Pozzi culpó a lo que denomina un “coctel de impuestos”, que, en el caso de la cadena vitivinícola, ejemplificó, son; IVA, Ingresos Brutos, Ganancias, Etiqueta, Corcho, tarifas a la botella vacía, y al propio el vino.

Según el Presidente de la Sociedad Rural, la solución es fácil; debería ser el Estado quien “compense” la diferencia entre los precios finales y los primarios, e ilustró: “En Francia, por ejemplo,  hay un ley que prohíbe que el supermercado remarque por encima del 30 por ciento, y además se entrega a los productores una asignación de 3000 euros por hectáreas, haya cosecha o no”.

Un productor de pimientos, radicado en Villa Atuel, manifestó, respecto al precio de su producción; “El kilo en la góndola está en 60 o 70 pesos, y a nosotros nos quieren pagan 20 pesos. Y yo pienso que, al menos, debería sea mitad y mitad, porque digo; ‘sólo pones los productos ahí, y ya estas sacando mucho más que el productor, que trabaja todo el año’”.

Sobre las causas, indicó también que los impuestos juegan un papel preponderante: “En chile bajan los aranceles, y con ellos los precios, entonces acá quieren pagar al precio chileno, pero nuestros costos son altísimos”, y ulteriormente resaltó que existe “usura” por parte de supermercadistas y verduleros.

Con frustración notable, el hombre reconoció: “No conviene plantar nada, no conviene trabajar la tierra”.

En tanto, los economistas apuntan a lo que se conoce como ‘valor agregado’. Mientras hace 50 años, dicen, la agricultura representaba un 30 por ciento de la economía mundial, hoy sólo hace a un 3 por ciento. El restante se distribuye en un 27 por ciento para el sector industrial y un 70 por ciento para los servicios, lo cual incluye la logística, el marketing, la venta al por menor, la atención, entre otros, y urgen al sector agrícola a buscar la confección de productos de mayor elaboración, que no sólo envuelvan materia prima, sino que también incluya marca, publicidad, retail, y demás.

La ejecución de tal movida, responden los productores, exige créditos, pocas veces accesibles para ellos, y estabilidad económica, difícilmente posible en el contexto argentino.

Entre medio, dice Del Pozzi, “el débil es el que sufre”; en San Rafael: los productores.