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Drones: La silenciosa revolución en la industria local

El uso de estos dispositivos se dispone a transformar la agricultura, la minería y la construcción en San Rafael.

Fotos: Jorge Gutierrez / Mediamendoza.com

06-12-2017. Drone. Probablemente sea una de las palabras más trending de los últimos años. Sin embargo, su entidad ha mantenido una lejanía persistente en la mente del consumidor promedio, para quien el futuro de maravilla que promete esta tecnología es potestad del más allá —del primer mundo, Estados Unidos, Alemania, las megacorporaciones—.

Esta visión, no obstante, puede resultar anticuada para los estándares actuales, que describen a un mundo globalizado moviéndose sincronizadamente en la misma dirección, sin excepciones. Y San Rafael no es ajeno a esta sinergia. Silenciosamente, la industria local está experimentando su propia «revolución drone».

Tal es el caso, que incluso la agricultura, un sector con presente de capa caída y un futuro que tambalea constantemente entre la incertidumbre y el pesimismo, amaga con someterse a una metamorfosis que, de la mano de la tecnología, lo revitalice.

La misma línea escudriña la industria minera, cuyo alto costo de desarrollo inicial –la investigación—, suele detener inversiones posteriores. Los drones pueden simplificar esta tarea hasta límites insospechados.

Finalmente, la construcción, un sector históricamente lento en la incorporación de tecnología —y que, detenida por años de inquietud, está empezando a reactivarse—, puede ser bendecida por la lluvia de drones.

Diego Galera, de Scorpion Drones, subsidiaria local de DJI, una de las empresa desarrolladoras de drones más importantes del mundo («la Apple de los drones»), aseguró a MediaMendoza que localmente, el mercado espera particularmente un boom en el sector agropecuario, una primavera que ya tiene sus primeros brotes verdes.

DJI, ejemplificó, acaba de lanzar al mercado un drone fumigador (DJ1 Agras) que está provocando un terremoto sectorial. En china, ilustró, se venden 1000 por semana. En Argentina, una empresa jujeña ya adquirió tres y los alquila. “Hace el trabajo de una máquina de fumigar cinco veces más rápido”, explicó Galera. Es, por tanto, considerado una inversión de pies a cabeza, pese a su alto costo.

“Antes el ingeniero salía a tomar las muestras; iba de una a la otra punta caminando. Hoy con un drone se puede hacer lo mismo desde una oficina”, comentó el técnico. El control remoto es, en este contexto, un nuevo frente de crecimiento. “Una clienta compró uno para monitorear su campo, e hizo un curso de aprendizaje. El caso es que tiene 79 años”, agregó Galera. Así de amplio es el mercado.

Otro de las ventajas de los drones modernos, manifestó Diego, es la incorporación de software avanzado dentro del mismo dispositivo. Esto, ejemplificó, le permite mapear automáticamente una zona delimitada y, a través de un censor, leer el reflejo del sol en las hojas de los cultivos y transformarlos en algoritmos, que luego pueden ser analizados por un ingeniero agrónomo para detectar plagas, hongos, humedad, estadios, y demás parámetros técnicos.

Estos mapeos de software también posibilitan realizar mapeos topográficos en terrenos de potencialidad minera. En las minas de San Juan, contó Galera, ya hay cuatro drones trabajando.

El uso de drones en proyectos de infraestructura también es un lienzo blanco. De hecho, es el segmento de mayor crecimiento. Se utilizan para evaluar el terreno o el desarrollo de una construcción, entre una lista interminable de posibilidades. “El año pasado, el mercado movió 25 millones de dólares en este rubro. Este año, 45 mil millones”, dijo Diego. El avance es exponencial.

Pese a que —confiesa Galera— aún quedan barreras por levantar para desencadenar la revolución total del «avión no tripulado» —como las regulaciones gubernamentales y sus trabas burocráticas—, la llegada al poder del rey drone se presenta cada día con mayor inminencia. San Rafael no estará fuera de su alcance.